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sábado, febrero 18, 2006

La virginidad de Cristo y su entrega a la Iglesia

Estoy convencido de la actualidad de esta dimensión de Cristo: Cristo Esposo de la Iglesia. Quizá tengamos que encontrar un lenguaje que sea más asequible a la sensibilidad actual, pero es importante la reacción de la fe ante la ficción perversa del Código da Vinci. Los Evangelios, San Pablo y el Apocalipsis recogen con extraordinaria profundidad la fe de la primera comunidad cristiana, que se reúne en torno a la Eucaristía, que vive de la absoluta entrega de Cristo a su única Esposa, la Iglesia. Los primeros fieles son conscientes de que Cristo se ha hecho don íntegro y total de su condición humana para cada cristiano, para cada persona, para la humanidad entera a través de la Cruz, a través de su Resurrección, a través de la Eucaristía.

El Catecismo de la Iglesia Católica dedica un número a este tema

La Iglesia es la Esposa de Cristo
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La unidad de Cristo y de la Iglesia, Cabeza y miembros del Cuerpo, implica también la distinción de ambos en una relación personal. Este aspecto es expresado con frecuencia mediante la imagen del Esposo y de la Esposa. El tema de Cristo esposo de la Iglesia fue preparado por los profetas y anunciado por Juan Bautista (cf. Jn 3, 29). El Señor se designó a sí mismo como "el Esposo" (Mc 2, 19; cf. Mt 22, 1-14; 25, 1-13). El apóstol presenta a la Iglesia y a cada fiel, miembro de su Cuerpo, como una Esposa "desposada" con Cristo Señor para "no ser con él más que un solo Espíritu" (cf. 1 Co 6,15-17; 2 Co 11,2). Ella es la Esposa inmaculada del Cordero inmaculado (cf. Ap 22,17; Ef 1,4; 5,27), a la que Cristo "amó y por la que se entregó a fin de santificarla" (Ef 5,26), la que él se asoció mediante una Alianza eterna y de la que no cesa de cuidar como de su propio Cuerpo (cf. Ef 5,29).

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