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jueves, noviembre 10, 2005

La impiedad, mal social y causa de desgracias

(La actualidad de la Carta a los Romanos de San Pablo)

por Jorge Salinas


El panorama de la sociedad pagana que nos describe San Pablo en su Carta a los Romanos es de una actualidad inquietante. Me refiero, en concreto al texto Rom 1, 18-32. Hace unos meses el Cardenal Ratzinger (actual Benedicto XVI) comentaba con dolor que en Suecia un pastor protestante había pasado un mes en la cárcel por comentar este texto sagrado en público. Por esa misma época un político catalán de ERC dijo que algunos textos de la Biblia tendrían que ser eliminados por incompatibles con los principios democráticos actuales. Hace dos años un destacado político indio radical exigía que cristianos y musulmanes hicieran una nueva lectura de sus textos sagrados y que cambiaran todos su líderes.

El mal social de fondo que San Pablo señala en ese texto es la impiedad, la asebeia griega, término que se usó en la traducción griega del Antiguo Testamento (versión de los Setenta) y en redacción del Nuevo Testamento. Incluso en el mundo pagano la asebeia era considerado un gran mal social que acarreaba desgracias colectivas porque significaba falta de respeto o desprecio hacia los dioses, los padres, los ancianos, la patria. En el universo cristiano la impiedad significa desprecio de Dios y de todo lo sagrado. Juan Pablo II en algunos de sus escritos asimila el mysterium impietatis con el pecado contra el Espíritu Santo del que habla Jesús.

Según San Pablo, Dios abandonó a la gentilidad romana a “su réprobo sentir”, es decir, como castigo a su impiedad, les abandonó a su suerte, al desarrollo progresivo de una lógica averiada, a su propia autodisolución social. Entre los males sociales que señala San Pablo se encuentran la idolatría, la homosexualidad y una condición general bastante deteriorada: malicia, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidio, riñas, engaño, malignidad; chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, rebeldes a sus padres, insensatos, desleales, desamorados, despiadados (vv. 29-31).

Resulta notable una convergencia que se está produciendo actualmente en todo el mundo religioso reflexivo. Teólogos católicos, ortodoxos, protestantes, judíos y musulmanes coinciden básicamente en el análisis, el diagnóstico y el pronóstico de la sociedad que está resultando de una globalización demasiado materialista, casi solamente economicista, falta de principios religiosos. Los que son cristianos releen con asombro el texto paulino de Romanos 1, 18 y ss.; los que no son cristianos pero tienen fuertes convicciones religiosas (judíos y musulmanes) lo leen con respeto religioso, como una advertencia llena de sabiduría.

En definitiva, la impiedad, la asebeia, es un mal social y público que sólo trae desgracias para todos. Hay que evitarlo. ¿Cómo? Recuperando, en todos los niveles, la piedad, la veneración, el respeto a Dios, a “lo sagrado” que existe en toda persona; recuperando niveles de respeto a los padres, a los mayores, a la patria.


Jorge Salinas
10 de noviembre de 2005

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